Los antiguos decían que “la expresión facial proviene del corazón”, y en realidad esta frase tiene mucho sentido. La forma en que una persona vive su vida generalmente no requiere muchas preguntas, se puede ver en su expresión y su carácter. Porque las expresiones faciales de una persona no se forman de la noche a la mañana, sino que son el resultado acumulado de un estado emocional a largo plazo. Las emociones diarias y las expresiones habituales se reflejan poco a poco en el rostro. Si una persona está constantemente tensa, ansiosa o frunciendo el ceño, su cuerpo entrará repetidamente en un estado de alta presión, los niveles de hormonas del estrés serán elevados y los músculos faciales serán más propensos a estar rígidos. Con el tiempo, la persona parecerá cansada y envejecida. Por el contrario, cuando sonríe con frecuencia y mantiene una actitud relajada, el cerebro libera más dopamina y endorfinas, sustancias que no solo hacen que uno se sienta feliz, sino que también reducen la respuesta al estrés, facilitando que el cuerpo y los músculos faciales permanezcan en un estado de relajación. Por lo tanto, la verdadera función de sonreír no radica en “usar menos músculos”, sino en la respuesta fisiológica completa que trae consigo. Cuando una persona se siente más tranquila y emocionalmente estable, las líneas en su rostro serán más suaves y su mirada tendrá más brillo. Desde este punto de vista, aprender a tener sentido del humor y hacer que uno mismo sonría con frecuencia no es una actuación de “ser optimista”, sino una forma de autorregulación física y mental. Cuando la actitud mental es más relajada, las reacciones químicas en el cuerpo también cambian, y con el tiempo, la apariencia de la persona también cambiará. Esto probablemente sea el verdadero significado de “la expresión facial proviene del corazón”.
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Los antiguos decían que “la expresión facial proviene del corazón”, y en realidad esta frase tiene mucho sentido. La forma en que una persona vive su vida generalmente no requiere muchas preguntas, se puede ver en su expresión y su carácter. Porque las expresiones faciales de una persona no se forman de la noche a la mañana, sino que son el resultado acumulado de un estado emocional a largo plazo. Las emociones diarias y las expresiones habituales se reflejan poco a poco en el rostro. Si una persona está constantemente tensa, ansiosa o frunciendo el ceño, su cuerpo entrará repetidamente en un estado de alta presión, los niveles de hormonas del estrés serán elevados y los músculos faciales serán más propensos a estar rígidos. Con el tiempo, la persona parecerá cansada y envejecida. Por el contrario, cuando sonríe con frecuencia y mantiene una actitud relajada, el cerebro libera más dopamina y endorfinas, sustancias que no solo hacen que uno se sienta feliz, sino que también reducen la respuesta al estrés, facilitando que el cuerpo y los músculos faciales permanezcan en un estado de relajación. Por lo tanto, la verdadera función de sonreír no radica en “usar menos músculos”, sino en la respuesta fisiológica completa que trae consigo. Cuando una persona se siente más tranquila y emocionalmente estable, las líneas en su rostro serán más suaves y su mirada tendrá más brillo. Desde este punto de vista, aprender a tener sentido del humor y hacer que uno mismo sonría con frecuencia no es una actuación de “ser optimista”, sino una forma de autorregulación física y mental. Cuando la actitud mental es más relajada, las reacciones químicas en el cuerpo también cambian, y con el tiempo, la apariencia de la persona también cambiará. Esto probablemente sea el verdadero significado de “la expresión facial proviene del corazón”.