¿Se puede ser arrestado por comerciar con criptomonedas? La Segunda Sala del Tribunal Intermedio de Shanghái establece: el arbitraje personal no se considera una operación ilegal
La Segunda Corte Intermedia de Shanghái organiza un seminario sobre delitos relacionados con criptomonedas, aclarando que “la compra y venta personal de criptomonedas generalmente no constituye un delito de operación ilegal”. La persona A compró barato y vendió caro, ganando millones, y el tribunal considera que la operación de arbitraje personal no es ilegal. Pero hay una línea roja: ayudar a otros a cambiar divisas ilegalmente, ofrecer servicios de cambio a clientes y cobrar comisiones, lo cual constituye una actividad de dinero clandestino y puede ser perseguido penalmente. La clave para la decisión: si se ofrece un servicio comercial de forma continua a un público no específico.
La línea divisoria entre compra y venta personal de criptomonedas y operación ilegal
El seminario analiza casos típicos para definir claramente la frontera entre lo que es delito y lo que no. En los casos, la persona A compra y vende criptomonedas en plataformas nacionales e internacionales, ganando millones en diferencia de precio. El tribunal opina que si solo se trata de arbitraje personal, sin ofrecer servicios comerciales al público, no se configura un delito de operación ilegal. Esta decisión enfatiza que para que exista un delito de operación ilegal, se deben cumplir características como: tener fines lucrativos, ofrecer servicios de forma continua a un público no específico, entre otros factores clave.
Este fallo tiene gran valor orientador. Durante mucho tiempo, la situación legal de las criptomonedas en China ha sido ambigua, lo que ha generado grandes diferencias en la calificación judicial de las operaciones de compra y venta. Algunos tribunales consideran que el arbitraje de grandes sumas es una operación ilegal, otros lo ven como un acto civil. La conclusión de la Segunda Corte Intermedia de Shanghái establece por primera vez un estándar: lo importante no es el monto, sino si constituye una actividad comercial.
Las características del arbitraje personal son: fondos propios, asumir riesgos, no ofrecer servicios a terceros y no cobrar comisiones. Aunque la persona A gane millones en diferencia, si solo usa su propio dinero para comprar y vender en diferentes plataformas, esta conducta es esencialmente similar a arbitrar entre diferentes corredores de bolsa y no debería ser penalizada. Esta prudencia judicial protege la libertad de inversión personal y evita una intervención excesiva en actividades económicas normales.
No obstante, esto no significa que todas las operaciones de compra y venta de criptomonedas sean seguras. Si en el proceso se ayuda a otros a lavar dinero, evadir controles de divisas u otros delitos, aún puede ser considerado cómplice. La definición judicial precisa de las conductas relacionadas con las criptomonedas ayuda a delimitar los límites de actuación del mercado y promueve la unificación legal en casos relacionados.
La frontera entre delito y no delito en las operaciones con criptomonedas
Arbitraje personal legal: fondos propios, compra y venta en diferentes plataformas, asumiendo riesgos, sin ofrecer servicios a terceros
Dinero clandestino ilegal: ofrecer servicios de cambio a clientes no específicos, cobrar comisiones, mantener actividad continua
Actuaciones de cómplices: saber que otros realizan compra y venta ilegal de divisas y ayudar mediante intercambios con criptomonedas
Clave para la decisión: si se busca lucro, si se ofrece servicio de forma continua a un público no específico
¿Dónde está la línea roja penal del dinero clandestino?
El seminario también establece una línea legal clara: si se sabe que otros realizan compra y venta ilegal de divisas y aún así se ayuda mediante intercambios con criptomonedas, en casos graves, se puede considerar cómplice de operación ilegal. Por otro lado, ofrecer servicios de cambio a clientes no específicos mediante criptomonedas y cobrar comisiones, en esencia, constituye una actividad de dinero clandestino ilegal, y puede ser perseguida penalmente.
Las características típicas de los money exchangers clandestinos son: tener un local fijo o plataforma en línea, publicitar servicios de cambio, cobrar una comisión fija o porcentual, y atender a múltiples clientes de forma continua. Estas conductas implican operar sin licencia en el sector financiero, lo cual destruye gravemente el orden de gestión de divisas. La diferencia principal con el arbitraje personal es que los money exchangers operan “para el público” y no solo para uso propio.
Los modelos comunes de money exchangers clandestinos en casos incluyen: publicar en redes sociales anuncios de “USDT a RMB”, prometer tasas favorables, cobrar comisiones del 1-3%, y procesar cientos de transacciones mensuales. Si se determina que son money exchangers, la pena suele ser superior a 5 años, y en casos especialmente graves, puede llegar a prisión perpetua. Cuando el monto involucrado supera los millones, generalmente se considera una situación grave.
La calificación de cómplice es más compleja. Si se sabe que la otra parte realiza operaciones ilegales de divisas y aún así se ayuda con intercambios con criptomonedas, incluso sin cobrar comisiones, puede considerarse cómplice. La clave está en probar el “conocimiento” del delito, generalmente mediante registros de chat, frecuencia de transacciones y volumen de fondos. Si solo se ayuda ocasionalmente a amigos a cambiar divisas sin saber que están involucrados en actividades ilegales, normalmente no se configura un delito.
Prudencia judicial y riesgo asumido por el inversor
Esta conclusión refleja una prudencia judicial que evita una intervención penal excesiva en las operaciones de inversión personal, y a la vez combate con precisión los delitos que utilizan criptomonedas para destruir el orden financiero. Es importante recordar que las criptomonedas no tienen estatus de moneda legal, y las transacciones relacionadas con ellas conllevan riesgos civiles; los inversores deben asumir sus pérdidas por cuenta propia.
Este recordatorio es muy importante. Aunque la compra y venta personal de criptomonedas no constituye delito, no significa que esté protegida por la ley. Si en una transacción se es víctima de una estafa o la plataforma desaparece, y se denuncia a la policía, esta puede no presentar cargos por no tener estatus de moneda legal. Este estado de “no intervención penal, responsabilidad civil” deja a los inversores en un área gris en cuanto a protección legal.
Desde la práctica, los inversores deben tener en cuenta tres puntos: primero, usar solo fondos propios, sin gestionar fondos de otros ni captar recursos para comprar y vender, para evitar ser considerados operación ilegal; segundo, no ofrecer servicios de cambio, incluso si un amigo pide ayuda, para no involucrarse en actividades de money exchanger clandestino; tercero, conservar registros de transacciones que prueben la fuente legal de los fondos, en caso de ser investigados, para demostrar que no se trata de lavado de dinero u otros delitos.
Desde la política, la conclusión del seminario de la Segunda Corte Intermedia de Shanghái refleja un equilibrio delicado en la regulación de las criptomonedas en China. Por un lado, se combate enérgicamente las actividades financieras ilegales relacionadas con ellas; por otro, no se criminalizan las operaciones de inversión personal. Este enfoque de “combate al delito, protección a la inversión” ofrece una dirección para futuras políticas regulatorias.
En conjunto, la conclusión de la Segunda Corte Intermedia de Shanghái establece límites claros en la ley para las operaciones con criptomonedas. La posesión y arbitraje personal no constituyen delito de operación ilegal, pero ofrecer servicios de cambio y ayudar en delitos de divisas sí lo hacen. Los inversores deben actuar dentro de los límites legales y comprender que asumen los riesgos civiles en las transacciones con criptomonedas.
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¿Se puede ser arrestado por comerciar con criptomonedas? La Segunda Sala del Tribunal Intermedio de Shanghái establece: el arbitraje personal no se considera una operación ilegal
La Segunda Corte Intermedia de Shanghái organiza un seminario sobre delitos relacionados con criptomonedas, aclarando que “la compra y venta personal de criptomonedas generalmente no constituye un delito de operación ilegal”. La persona A compró barato y vendió caro, ganando millones, y el tribunal considera que la operación de arbitraje personal no es ilegal. Pero hay una línea roja: ayudar a otros a cambiar divisas ilegalmente, ofrecer servicios de cambio a clientes y cobrar comisiones, lo cual constituye una actividad de dinero clandestino y puede ser perseguido penalmente. La clave para la decisión: si se ofrece un servicio comercial de forma continua a un público no específico.
La línea divisoria entre compra y venta personal de criptomonedas y operación ilegal
El seminario analiza casos típicos para definir claramente la frontera entre lo que es delito y lo que no. En los casos, la persona A compra y vende criptomonedas en plataformas nacionales e internacionales, ganando millones en diferencia de precio. El tribunal opina que si solo se trata de arbitraje personal, sin ofrecer servicios comerciales al público, no se configura un delito de operación ilegal. Esta decisión enfatiza que para que exista un delito de operación ilegal, se deben cumplir características como: tener fines lucrativos, ofrecer servicios de forma continua a un público no específico, entre otros factores clave.
Este fallo tiene gran valor orientador. Durante mucho tiempo, la situación legal de las criptomonedas en China ha sido ambigua, lo que ha generado grandes diferencias en la calificación judicial de las operaciones de compra y venta. Algunos tribunales consideran que el arbitraje de grandes sumas es una operación ilegal, otros lo ven como un acto civil. La conclusión de la Segunda Corte Intermedia de Shanghái establece por primera vez un estándar: lo importante no es el monto, sino si constituye una actividad comercial.
Las características del arbitraje personal son: fondos propios, asumir riesgos, no ofrecer servicios a terceros y no cobrar comisiones. Aunque la persona A gane millones en diferencia, si solo usa su propio dinero para comprar y vender en diferentes plataformas, esta conducta es esencialmente similar a arbitrar entre diferentes corredores de bolsa y no debería ser penalizada. Esta prudencia judicial protege la libertad de inversión personal y evita una intervención excesiva en actividades económicas normales.
No obstante, esto no significa que todas las operaciones de compra y venta de criptomonedas sean seguras. Si en el proceso se ayuda a otros a lavar dinero, evadir controles de divisas u otros delitos, aún puede ser considerado cómplice. La definición judicial precisa de las conductas relacionadas con las criptomonedas ayuda a delimitar los límites de actuación del mercado y promueve la unificación legal en casos relacionados.
La frontera entre delito y no delito en las operaciones con criptomonedas
Arbitraje personal legal: fondos propios, compra y venta en diferentes plataformas, asumiendo riesgos, sin ofrecer servicios a terceros
Dinero clandestino ilegal: ofrecer servicios de cambio a clientes no específicos, cobrar comisiones, mantener actividad continua
Actuaciones de cómplices: saber que otros realizan compra y venta ilegal de divisas y ayudar mediante intercambios con criptomonedas
Clave para la decisión: si se busca lucro, si se ofrece servicio de forma continua a un público no específico
¿Dónde está la línea roja penal del dinero clandestino?
El seminario también establece una línea legal clara: si se sabe que otros realizan compra y venta ilegal de divisas y aún así se ayuda mediante intercambios con criptomonedas, en casos graves, se puede considerar cómplice de operación ilegal. Por otro lado, ofrecer servicios de cambio a clientes no específicos mediante criptomonedas y cobrar comisiones, en esencia, constituye una actividad de dinero clandestino ilegal, y puede ser perseguida penalmente.
Las características típicas de los money exchangers clandestinos son: tener un local fijo o plataforma en línea, publicitar servicios de cambio, cobrar una comisión fija o porcentual, y atender a múltiples clientes de forma continua. Estas conductas implican operar sin licencia en el sector financiero, lo cual destruye gravemente el orden de gestión de divisas. La diferencia principal con el arbitraje personal es que los money exchangers operan “para el público” y no solo para uso propio.
Los modelos comunes de money exchangers clandestinos en casos incluyen: publicar en redes sociales anuncios de “USDT a RMB”, prometer tasas favorables, cobrar comisiones del 1-3%, y procesar cientos de transacciones mensuales. Si se determina que son money exchangers, la pena suele ser superior a 5 años, y en casos especialmente graves, puede llegar a prisión perpetua. Cuando el monto involucrado supera los millones, generalmente se considera una situación grave.
La calificación de cómplice es más compleja. Si se sabe que la otra parte realiza operaciones ilegales de divisas y aún así se ayuda con intercambios con criptomonedas, incluso sin cobrar comisiones, puede considerarse cómplice. La clave está en probar el “conocimiento” del delito, generalmente mediante registros de chat, frecuencia de transacciones y volumen de fondos. Si solo se ayuda ocasionalmente a amigos a cambiar divisas sin saber que están involucrados en actividades ilegales, normalmente no se configura un delito.
Prudencia judicial y riesgo asumido por el inversor
Esta conclusión refleja una prudencia judicial que evita una intervención penal excesiva en las operaciones de inversión personal, y a la vez combate con precisión los delitos que utilizan criptomonedas para destruir el orden financiero. Es importante recordar que las criptomonedas no tienen estatus de moneda legal, y las transacciones relacionadas con ellas conllevan riesgos civiles; los inversores deben asumir sus pérdidas por cuenta propia.
Este recordatorio es muy importante. Aunque la compra y venta personal de criptomonedas no constituye delito, no significa que esté protegida por la ley. Si en una transacción se es víctima de una estafa o la plataforma desaparece, y se denuncia a la policía, esta puede no presentar cargos por no tener estatus de moneda legal. Este estado de “no intervención penal, responsabilidad civil” deja a los inversores en un área gris en cuanto a protección legal.
Desde la práctica, los inversores deben tener en cuenta tres puntos: primero, usar solo fondos propios, sin gestionar fondos de otros ni captar recursos para comprar y vender, para evitar ser considerados operación ilegal; segundo, no ofrecer servicios de cambio, incluso si un amigo pide ayuda, para no involucrarse en actividades de money exchanger clandestino; tercero, conservar registros de transacciones que prueben la fuente legal de los fondos, en caso de ser investigados, para demostrar que no se trata de lavado de dinero u otros delitos.
Desde la política, la conclusión del seminario de la Segunda Corte Intermedia de Shanghái refleja un equilibrio delicado en la regulación de las criptomonedas en China. Por un lado, se combate enérgicamente las actividades financieras ilegales relacionadas con ellas; por otro, no se criminalizan las operaciones de inversión personal. Este enfoque de “combate al delito, protección a la inversión” ofrece una dirección para futuras políticas regulatorias.
En conjunto, la conclusión de la Segunda Corte Intermedia de Shanghái establece límites claros en la ley para las operaciones con criptomonedas. La posesión y arbitraje personal no constituyen delito de operación ilegal, pero ofrecer servicios de cambio y ayudar en delitos de divisas sí lo hacen. Los inversores deben actuar dentro de los límites legales y comprender que asumen los riesgos civiles en las transacciones con criptomonedas.