Interesante cómo un encuentro casual en la piscina llevó a una de las blockchains más valiosas del mundo. Anatoly Yakovenko, un Ukrainer con una impresionante carrera tecnológica, tuvo en 2017 una idea para transacciones de blockchain más rápidas. En aquel entonces, era un negocio difícil: después del año récord de Bitcoins en 2017, el mercado se desplomó, los precios cayeron un 80% y los inversores eran escépticos.



Yakovenko conoció a su primer gran patrocinador, David Kwik, en 2018 en un club de hockey subacuático de California. Kwik recordaba más tarde: "Todavía lo veo salir del agua de la piscina y decir: 'Hey, estoy construyendo mi propia blockchain'". La confianza dio sus frutos. Ese mismo año, Solana vendió alrededor de 80 millones de tokens por solo 4 centavos por unidad. Hoy, casi una década después, el token SOL ha crecido 4.300 veces.

¿Qué hace que Solana sea tan especial? Anatoly Yakovenko quería resolver el mayor problema de la blockchain: cómo hacerla, al mismo tiempo, rápida, descentralizada y segura. Para ello inventó un nuevo algoritmo llamado Proof-of-History. El resultado es impresionante: Solana procesa unas 3.187 transacciones por segundo, mientras que Ethereum, en los picos, supera las 65.000 (Bitcoin solo 5–7). En Solana se crea un bloque en 0,4 segundos; en Ethereum, tarda 10 segundos. Y lo más importante: las tarifas son mínimas, menos de un centavo por transacción, mientras que Ethereum cuesta entre 25 y 53 dólares.

Hoy, Solana tiene una capitalización de mercado de aproximadamente 45,5 mil millones de dólares y se sitúa entre las 5 principales criptomonedas del mundo. En la blockchain ya se han creado más de 900 aplicaciones descentralizadas, desde streaming de música hasta gaming y exchanges de criptomonedas.

¿Quién es el hombre detrás del proyecto? Yakovenko, de 41 años, nació en Ucrania, pero emigró a Estados Unidos con 11 años tras la caída de la (experiencia soviética). Estudió informática en la University of Illinois, y después trabajó 13 años en Qualcomm en comunicación inalámbrica y procesadores de telefonía móvil. Más tarde cambió a Mesosphere y Dropbox. Su motivación para la blockchain surgió de dos ideas: primero, qué frágiles son los sistemas económicos que dependen de un solo actor (experiencia soviética). Segundo, que las finanzas tradicionales están demasiado centralizadas y son ineficientes.

La idea de Solana, por cierto, le llegó a Yakovenko en un café después de tomar dos cafés y una cerveza. La empresa ya tiene cinco cofundadores, entre ellos Greg Fitzgerald y Steven Akridge también ex-Qualcomm, además de Eric Williams y Raj Gokal. Solana recibe su nombre en honor a una playa en San Diego, donde antiguos colegas de Qualcomm surfeaban. Hoy, la empresa emplea a 78 personas y tiene su sede en San Francisco.

¿Qué es lo que me fascina? Yakovenko nunca quiso destruir Ethereum; lo ve como algo malo para la industria. Su objetivo es aún mayor: hacer que instituciones financieras tradicionales como Bank of America o Visa compitan con una comunidad global de desarrolladores que pueda escribir código cuando quiera. Eso es otra liga.
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