Hace poco me enteré que las várices en las piernas ya no son una sentencia de quirófano obligatorio. Resulta que existen tratamientos bastante innovadores que funcionan sin necesidad de cirugía invasiva, y honestamente, cambian bastante el panorama para quienes sufren este problema.



Primero, aclaremos qué son exactamente. Las várices son básicamente venas que se dilatan, se inflaman o se retuercen, principalmente en las piernas. No es solo un tema estético, aunque muchos lo vean así. Estas venas causan dolor, pesadez, inflamación e incluso cambios en el color de la piel alrededor de la zona afectada.

Los síntomas varían bastante de persona a persona. Algunos sienten pesadez constante, otros experimentan calambres en muslos y pantorrillas, hinchazón de tobillos, o esa molesta sensación de piernas inquietas. Hay quienes notan pequeñas venas araña en la superficie, picazón persistente, o cambios en la textura de la piel. En casos más severos, pueden aparecer úlceras que no sanan fácilmente.

Ahora bien, ¿por qué sucede esto? Básicamente, cuando las válvulas de las venas dejan de funcionar correctamente, la sangre no retorna eficientemente al corazón y se acumula en las extremidades inferiores. Los factores que lo provocan son variados: genética, cambios hormonales, sedentarismo, pasar muchas horas de pie o sentado, embarazo, envejecimiento. Las mujeres tienen más riesgo por cuestiones hormonales, y las personas con obesidad o antecedentes de coágulos también están más expuestas.

Lo interesante es que la demanda por soluciones sin cirugía ha crecido muchísimo. La gente busca algo efectivo pero que no deje cicatrices ni requiera anestesia general. Aquí es donde entran dos opciones que están revolucionando el manejo de las várices en las piernas.

La primera es el endoláser. Es una técnica mínimamente invasiva que actúa desde adentro de la vena dañada, sin incisiones. Básicamente, introducen una fibra óptica muy fina dentro de la vena y aplican energía láser para cerrar controladamente el vaso sanguíneo. El cuerpo absorbe naturalmente lo que queda. El procedimiento se hace en una sola sesión y los pacientes pueden retomar sus actividades casi de inmediato, solo evitando ejercicio intenso durante 48 horas. La recuperación es rápida y los resultados son duraderos.

La segunda opción es la escleroterapia endovenosa con espuma. Aquí inyectan una microespuma directamente en la vena afectada, provocando su cierre progresivo. La vena se reabsorbe naturalmente con el tiempo y la sangre se redirige hacia vasos sanos. Esta técnica funciona especialmente bien para venas de pequeño y mediano calibre.

Lo crucial antes de cualquier tratamiento es un diagnóstico correcto. No todas las várices en las piernas son iguales. Un estudio ecográfico Doppler permite analizar el estado de las venas, el grado de insuficiencia venosa y determinar si el tratamiento será con endoláser, escleroterapia o una combinación de ambos. La personalización es lo que explica el éxito de estas técnicas.

Otro punto a favor es que no requieren ingreso hospitalario ni períodos prolongados de reposo. Tras el tratamiento, el paciente puede caminar inmediatamente y seguir con su rutina, usando medias de compresión según las recomendaciones médicas. Esto ha hecho que estos procedimientos sean especialmente populares antes del verano, cuando la gente quiere sentirse cómoda con sus piernas.

Es interesante notar que en México, entre el 70 y 80 por ciento de las personas mayores de 60 años tienen várices, así que es un problema bastante común. La buena noticia es que ahora hay opciones reales y efectivas sin pasar por el quirófano.
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