Estos días mi mentalidad parece haberse actualizado silenciosamente: antes, al hablar de interoperabilidad siempre pensaba que era solo un asunto de construir un puente, ahora cada vez más veo que, al cruzar, en realidad estás confiando en una serie de cosas apiladas: la persona que envía el mensaje, la que recibe, quién está “transmitiendo” en medio, quién lleva la contabilidad, quién toma decisiones cuando hay fallos, cualquier eslabón flojo puede convertirse en una escena de accidente. En definitiva, no tengo miedo a que la tecnología sea muy avanzada, sino a que la historia se cuente demasiado bien, escondiendo los riesgos.



Por cierto, pensando en los puntos de colapso en los juegos en cadena, cuando la inflación + estudios + la espiral de precios de las monedas se aceleran, la gente empieza a buscar caminos para “cruzar” o “mover bloques”, la presión en el puente y en los canales de comunicación aumenta, y también es más fácil que las personas, en su ansiedad, ignoren los límites de confianza. De todos modos, ahora prefiero más: si no es necesario cruzar, no cruzo; y si realmente tengo que cruzar, lo tomo como firmar un montón de cláusulas invisibles, sin dejarme llevar por la narrativa y arriesgar la posición.
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