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Fabric me hizo pensar en la colaboración en la economía de robots
No vi inicialmente la economía de robots como algo construido por las personas. Al principio, la robótica parecía ser una de las industrias controladas. Una empresa construye el robot. Esa misma empresa controla el software. La misma empresa decide dónde se usan esas máquinas. Todo está contenido dentro de un sistema. Sin embargo, al analizar Fabric detenidamente, comencé a pensar que el futuro podría ser diferente. Fabric no solo fabrica robots. Su objetivo es crear una red donde robots, desarrolladores y operadores puedan trabajar juntos. En lugar de que los robots sean parte de flotas de diferentes empresas, el protocolo los trata como parte de un sistema compartido. Esta nueva perspectiva cambia la conversación. Una vez que los robots operan dentro de una red controlada por una empresa, la pregunta cambia a: ¿quién construye realmente el sistema alrededor de ellos? La respuesta obvia podría ser “empresas de robótica”. Fabric parece estar explorando otra idea. ¿Y si pudiéramos construir la economía de robots como construimos sistemas de software? ¿A través de comunidades de personas? Al principio, eso me pareció poco realista. La robótica es diferente del desarrollo de aplicaciones. El hardware puede ser costoso. La implementación lleva tiempo. Los sistemas físicos necesitan mantenimiento y cumplimiento normativo. Sin embargo, la estructura que propone Fabric hace que esta idea parezca un poco posible. El protocolo ofrece a los robots algo que generalmente les falta: identidad e infraestructura económica. Las máquinas pueden registrarse en la red con identidades, aceptar tareas, registrar trabajos completados y recibir pagos automáticamente. Con esa infraestructura en marcha, la participación ya no está limitada solo a los fabricantes de robots. Los desarrolladores pueden crear habilidades de software para las máquinas. Los operadores pueden desplegar flotas. Gestionar logística del mundo real. Los investigadores pueden compartir modelos y datos. Las comunidades pueden organizar todo esto. Fabric utiliza blockchain y el token $ROBO para conectar a estos participantes. Se pueden otorgar recompensas por trabajos confirmados, contribuciones de datos u otros servicios útiles dentro de la red. Este aspecto me hizo reflexionar. Si los robots pueden registrar tareas, confirmar trabajos y procesar pagos a través de un protocolo compartido, la red empieza a parecerse a un mercado. El trabajo puede compartirse. Las máquinas pueden competir por tareas. Los participantes pueden ganar recompensas por mantener la infraestructura. Fabric incluso introduce el concepto de Prueba de Trabajo Robótico. Las tareas completadas por las máquinas pueden ser recompensadas a través del protocolo. En palabras, la automatización se convierte en algo que la red gestiona. Entiendo los desafíos involucrados. El crowdsourcing en robótica es mucho más difícil que en software. La infraestructura física requiere capital, mantenimiento y supervisión regulatoria. Lo que más me llama la atención es la dirección. La mayoría de los sistemas de robótica son ecosistemas cerrados gestionados por los fabricantes. Fabric está probando un modelo en el que la infraestructura es abierta. Eso es un concepto impulsado por las criptomonedas. De preguntar: “¿Qué empresa liderará en robótica?”, el protocolo plantea una pregunta diferente: ¿Y si la economía de robots es algo que las personas construyen juntas? Los desarrolladores manejan el software. Los operadores gestionan las máquinas. Los investigadores impulsan la inteligencia. Las comunidades coordinan el sistema. Si este modelo tiene éxito, la economía de robots quizás no pertenezca a una sola corporación. Podría parecerse más a una red. $ROBO @FabricFND #ROBO