Santiago Caputo consolida su control del sector nuclear argentino tras la salida de Reidel

La arquitectura del poder detrás de la política nuclear argentina cambió significativamente en febrero de 2025. Santiago Caputo, el estratega político central del Gobierno, logró consolidar su influencia sobre este sector estratégico tras el desplazamiento de Demian Reidel de la dirección de Nucleoeléctrica SA (NASA). Lo que parecía una simple transición administrativa fue, en realidad, una operación calculada de reconfiguración del control sobre las tres centrales nucleares del país.

Reidel, que se desempeñaba como presidente de NASA —la empresa que opera Atucha I, Atucha II y Embalse— enfrentó acusaciones por irregularidades en procesos de contratación, particularmente en la licitación de servicios de limpieza que evidenciaron sobreprecios cuestionables. Su perfil, que combinaba formación en física y economía, así como una amistad personal con el presidente Javier Milei, resultó inadecuado para los planes de Caputo. El estratega prefería una conducción más alineada directamente con sus directivas. Cuando Reidel finalmente se alejó en febrero, el Gobierno manejó la transición de forma ordenada: el físico se retiró sin efectuar declaraciones públicas, y desde Casa Rosada comunicaban que él estaba de acuerdo con el cambio.

La nueva estructura: Ramos Napoli como ejecutor de la estrategia Caputo

Quien asumió la conducción de NASA fue Federico Ramos Napoli, secretario de Asuntos Nucleares. Con apenas 30 años, Napoli representa precisamente el perfil técnico que Santiago Caputo necesitaba: alguien capaz de implementar sus lineamientos sobre gestión operativa. Napoli rodeó su administración con un equipo de diez funcionarios leales y designó a Juan Martín Campos, especialista en seguridad nuclear, para encabezar las operaciones técnicas de las centrales.

La estructura de poder resultante es clara: Napoli responde formalmente a Luis Caputo, ministro de Economía, bajo cuya cartera se encuentra NASA. Sin embargo, su jefe político es Santiago Caputo. Quien lo quiera entender debe comprender esta dinámica: en las reuniones semanales, el titular del ministerio establece las “líneas infranqueables” para la empresa, pero es Santiago quien define la estrategia política general. A través de esta arquitectura, Caputo obtiene el control total sobre la dinámica del sector nuclear sin aparecer directamente en el organigrama.

Fuentes allegadas al Gobierno aseguraban que “con la salida de Reidel quedó alineada toda la política nuclear en el mismo sentido”. El nuevo equipo de conducción —integrado además por Martín Porro, Diego Chaher, Diego Garde y Javier Grinspun— se caracteriza por perfiles técnicos sólidos y trayectorias profesionales consolidadas. A diferencia de la administración anterior, percibida como orientada hacia proyectos grandilocuentes de difícil realización, esta estructura apunta a objetivos viables y orientados hacia la operatividad.

Nucleoeléctrica cuenta actualmente entre 2.900 y 3.000 trabajadores, en su mayoría profesionales técnicos. Este es un dato relevante: la empresa nuclear argentina mantiene una composición mayoritariamente profesional, con una proporción menor de personal administrativo, lo que facilita una conducción con criterios técnicos más que políticos.

Nucleoeléctrica se prepara para su privatización entre 2026 y 2027

La restructuración administrativa no es casual ni responde únicamente a cuestiones de eficiencia operativa. Detrás de estos cambios está el proceso de privatización de Nucleoeléctrica que el Gobierno tiene en marcha. El cronograma es ambicioso: se espera que antes de fin de año salga el pliego para la licitación, y que antes de mediados de 2027 se concrete la adjudicación a un socio privado.

La estructura accionaria diseñada para la privatización es específica: 5% para los trabajadores, 51% para el Estado (distribuido entre la Secretaría de Asuntos Nucleares y la Comisión Nacional de Energía Atómica) y 44% para inversión privada. Diego Chaher, titular de la Agencia de Transformación de Empresas Públicas, lidera este proceso privatizador y responde políticamente a Santiago Caputo.

El Gobierno no busca cualquier comprador. Prefiere un actor nacional o internacional con experiencia demostrada en el sector nuclear, y preferentemente que traiga intenciones de ampliar las capacidades operativas, posiblemente con la incorporación de un reactor adicional. El interés mostrado por una delegación bipartidaria estadounidense del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes durante una visita al Complejo Nuclear Atucha fue calificado como una “recorrida de rutina” por voceros oficiales, aunque admitieron la disposición a fortalecer vínculos con Estados Unidos, al menos en lo referido a provisión de servicios y tecnología.

Atucha I y los desafíos técnicos heredados de la anterior administración

Una de las tareas críticas que heredó la nueva conducción fue resolver los atrasos acumulados durante la gestión anterior. Atucha I, que fue desactivada en septiembre de 2024 para procesos de extensión de vida útil que permitirían su operación por dos décadas más, enfrentó obstáculos significativos que generaron demoras de entre cuatro a seis meses durante 2025.

Fuentes gubernamentales indicaban que la administración Reidel no dejó lugar para lo urgente, algo que motivó incluso observaciones de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO). La meta de la nueva administración es que Atucha I retorne a operación antes del verano de 2028, en el mejor de los casos durante septiembre de 2027.

Según evaluaciones internas, los responsables de la gestión anterior carecían de un conocimiento profundo del sector nuclear argentino. “Todo se tiró de los pelos”, comenta una fuente gremial del sector, refiriéndose tanto a la falta de expertise como a los escándalos por irregularidades en contrataciones. Dos gerentes en particular, Marcelo Famá y Hernán Pantuso, fueron desplazados tras las investigaciones sobre sobreprecios en la licitación de limpieza.

El proyecto de inteligencia artificial que no prosperó bajo Reidel

Durante su administración, Reidel había promocionado un ambicioso megaproyecto: posicionar a Argentina como el cuarto hub mundial de Inteligencia Artificial. Bajo su coordinación, se anunció que OpenAI —la compañía detrás del ChatGPT— construiría un centro de datos de gran escala dedicado a aplicaciones de IA en la Patagonia.

No obstante, ese proyecto nunca trascendió del plano de las intenciones. Tanto funcionarios como dirigentes sindicales concuerdan en que la iniciativa era demasiado grandilocuente y presentaba plazos irreales. “Se sabía que se iba a caer por su propio peso”, resumió una fuente oficial. Mientras que Reidel y sus aliados buscaban atribuir la no concreción a decisiones autónomas de OpenAI, la realidad sugiere que el proyecto carecía de los fundamentos necesarios para prosperar.

Este fracaso ejemplifica las diferencias entre Santiago Caputo y Demian Reidel en su visión de cómo gobernar el sector nuclear: mientras Reidel se enfocaba en iniciativas de alto perfil con resultados inciertos, Caputo y su nuevo equipo priorizan objetivos operativos concretos, viabilidad técnica y preparación de la empresa para su ingreso al mercado privado. La restructuración del sector nuclear refleja así una reorientación estratégica donde la eficiencia y la gobernanza política están alineadas hacia objetivos claros y medibles.

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