Hemos escuchado las predicciones apocalípticas antes—las redes sociales acabarían con la web, luego llegaron las aplicaciones de smartphone amenazando con reemplazarla. Pero ninguna terminó de completar el trabajo. ¿Y ahora? La IA podría ser el verdadero cambio.
A diferencia de predicciones pasadas, esta tiene peso. La diferencia está en el alcance y la velocidad. La IA no solo compite con la web—podría transformar fundamentalmente cómo fluye la información, cómo descubrimos contenido y dónde realmente se sitúa el valor. El potencial de centralización es real en formas que no hemos visto desde los primeros días.
Quizá la web también sobreviva a esto. O quizás finalmente estamos ante el cambio que realmente importa.
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Hemos escuchado las predicciones apocalípticas antes—las redes sociales acabarían con la web, luego llegaron las aplicaciones de smartphone amenazando con reemplazarla. Pero ninguna terminó de completar el trabajo. ¿Y ahora? La IA podría ser el verdadero cambio.
A diferencia de predicciones pasadas, esta tiene peso. La diferencia está en el alcance y la velocidad. La IA no solo compite con la web—podría transformar fundamentalmente cómo fluye la información, cómo descubrimos contenido y dónde realmente se sitúa el valor. El potencial de centralización es real en formas que no hemos visto desde los primeros días.
Quizá la web también sobreviva a esto. O quizás finalmente estamos ante el cambio que realmente importa.