Trump anunció el 23 de marzo que retrasaba por 5 días los ataques a instalaciones energéticas de Irán, alegando que ambas partes estaban en “una negociación muy buena y productiva” y que habían alcanzado “importantes consensos en varios temas clave”. Además, afirmó que en ese período de 5 días podrían llegar a un acuerdo, que el estrecho de Hormuz se “abrirá muy pronto”, e incluso propuso la idea de que EE. UU. e Irán “controlen conjuntamente” el estrecho, señalando que los negociadores son “funcionarios iraníes muy razonables”, evitando mencionar al líder supremo Khamenei.
La condición principal de Trump: Irán debe abandonar completamente su programa nuclear y sus reservas de uranio enriquecido existentes. También advirtió que si las negociaciones fracasan, “continuaremos con bombardeos masivos”, y que un cambio de régimen en Irán “es inevitable”. La estrategia combina buena voluntad diplomática con amenazas militares, que marcan el tono de estas negociaciones.
En el ámbito diplomático, Egipto, Turquía y Pakistán están promoviendo activamente una reunión directa entre EE. UU. e Irán en Islamabad esta semana. La delegación estadounidense podría incluir al enviado para Oriente Medio Steve Witkoff, al yerno de Trump Jared Kushner y al vicepresidente JD Vance.
Por parte de Irán, Kaliabaf es considerado una figura clave con creciente influencia, y hay rumores de que podría representar a Irán en la reunión. Sin embargo, él mismo negó en X (antes Twitter) tener planes de participar en negociaciones, afirmando que “no tengo ninguna participación en negociaciones”.
La reacción de Irán contrasta con el optimismo de Trump. Kaliabaf publicó en X: “No hemos negociado con EE. UU. Las noticias falsas se usan para manipular los mercados financieros y petroleros”. Además, Irán negó haber tenido cualquier tipo de comunicación directa o indirecta con la administración de Trump.
La discrepancia fundamental: EE. UU. dice que “las negociaciones avanzan bien”, mientras que Irán afirma que “no hay negociaciones”. Esto dificulta saber si los “importantes consensos” son un verdadero avance diplomático o solo una señal de gestión del mercado por parte de Trump. Es importante notar que el mismo día que Trump anunció el retraso, el petróleo Brent cayó de $119 a $81, demostrando la sensibilidad del mercado a las señales diplomáticas.
Simultáneamente, según Axios, la administración Trump evalúa un plan militar para la isla de Kharg, que incluye opciones como un asalto terrestre o un bloqueo naval. Kharg está a unos 15 millas de la costa iraní y maneja aproximadamente el 90% de las exportaciones de petróleo de Irán, siendo vital para su economía. Controlar o bloquear la isla equivaldría a cortar directamente los ingresos petroleros de Teherán. Actualmente, más de 2,500 soldados de la Marina y la Infantería de Marina de EE. UU. se están movilizando hacia Oriente Medio.
El asesor militar retirado, el general Mark Montgomery, sugiere una estrategia alternativa: primero debilitar las capacidades militares iraníes durante unas dos semanas, y luego usar destructores y aviones de combate para escoltar los buques comerciales a través del estrecho de Hormuz, evitando un desembarco de alto riesgo. Un funcionario de la Casa Blanca afirmó: “Si decide hacer un desembarco anfibio, se hará, pero aún no hay decisión”. La evaluación del Pentágono indica que cualquier acción terrestre requeriría aproximadamente un mes de bombardeos continuos para reducir la defensa iraní.
El retraso de 5 días establecido por Trump en realidad funciona como una doble cuenta regresiva: si la diplomacia tiene éxito, la crisis de Hormuz podría resolverse esta semana mediante negociaciones; si fracasan, los planes militares en Kharg y las fuerzas en despliegue ya estarían en marcha.
Esta estrategia de “negociar en la mesa y prepararse en secreto” no es nueva en la política de Oriente Medio de la administración Trump. La duda es si la negación pública de las negociaciones por parte de Irán significa que la “importante consenso” es un avance real o solo una maniobra para gestionar el mercado. Es notable que el mismo día que Trump anunció el retraso, el petróleo Brent cayó de $119 a $81, reflejando la alta sensibilidad del mercado a las señales diplomáticas.